En esto de los videojuegos soy un cero a la izquierda. Érase una vez, a principios de los 90, cuando mi padre me regaló la revolucionaria Sega Mega Drive y compraba mensualmente la Hobby Consolas, controlaba bastante el tema, pero desde entonces, nada. Me quedé en los 16 bits! Rachas esporádicas viciado a los "Commandos" y los "Age of Empires" de turno y poco más. Así que no soy el tío más indicado para aconsejarte sobre las novedades del sector. Sin embargo, mi corazón ha dado una voltereta cuando me he enterado que algún estudio de freaks ha lanzado una versión remasterizada del "Day of the Tentacle", la cúspide de las aventuras gráficas noventeras juntos "Monkey Island" e "Indiana Jones and the Fate of Atlantis". Seguro que en vuestra clase también teníais algún Robin Hood de la informática que rulaba esos videojuegos, junto con una buena selección de fotos de tías en pelotas, en formato disquetes de 3 y medio. Sería en 1º de BUP cuando empecé a sudar de los deberes por culpa de esas maratonianas sesiones con "Day of the Tentacle" y compañía.
Parece ser que esta remasterización se limita a una actualización de los gráficos y al añadido de un par de extras. Ningún problema por mi parte, el juego ya era perfecto. Y pasados 23 años tras la última partida, será como la primera vez. La descarga va por el 76,2%. Can't wait!
Llegar hasta el capítulo 13 de la 6ª temporada ha sido un largo y extenuamente camino, dejando atrás tantos grandes momentos como tramos mierdosísimos, así que no voy a recomendar a nadie que se trague los más de 100 capítulos ya emitidos (toda una vida!).
Sin embargo, colegas, tengo que decirlo, la segunda parte de esta 6ª temporada está siendo la polla. Atrás quedaron los coñazos intimistas y la filosofía barata, esos patéticos capítulos sin caminantes en los que no pasaba nada, en los que te planteabas seriamente tirar la toalla: tras el tradicional parón hivernal, todo está siendo adrenalina, acción, sangre y zombies a go go. Todo un subidón.
"Hicimos sold out en Apolo 2, hicimos sold out en Boveda y hoy, de nuevo, ... también sold out!!!" Aunque he sufrido mayores estrechuras en Bikini -en los precedentes shows de Rival Sons, Blackberry Smoke o The Darkness había más gente, supongo que en esta ocasión se pusieron menos entradas a la venta-, la verdad es que la entrada para presenciar la vuelta de los hermanos Valeta al hogar, tras 2 años de ausencia de los escenarios barceloneses, fue excelente; la hinchazón de pecho de Armand era totalmente comprensible. Y es que, en contra del tópico, y aunquemás allá de los Pirineos les vaya muy bien, '77 son profetas en su tierra. Orgullo hard de la ciudad, congregan a una heterogénea audiencia que va desde el rockero de pedigree curtido en mil batallas de Rocksound hasta los fenómenos que sólo salen de casa para ver a Springsteen, AC/DC ... y 77'.
En cualquier caso, los de Horta volvieron a confirmar lo que ya sabíamos: sobre las tablas, 77' son imbatibles. Incluso sin Raw ni Dolphin, su base rítmica de toda la vida. '77 son Armand y LG, OK, pero esos tipos eran parte importante del asunto y tras su salida, no exenta de polémica, la viabilidad de la banda se vio en entredicho. Afortunadamente, Guillem Martínez es tan sexy, visual y extrovertido como su predecesor, mientras que Andy Cobo -un chaval que, salvo que tenga el mismo síndrome que Íñigo Errejón, todavía está lejos de la mayoría de edad- ... digamos que han encontrado a su Tommy Aldridge particular. En fin, show redondo en el que desgranaron buena parte de su reciente "Nothing's Gonna Stop Us" -a destacar el homenaje al Torete y cía, "Street Dogs", y la salvajísima "Tightrope"- junto a gemas previas como "Down and Dirty", "Stay Away from Water", "Big Smoker Pig" y unas solventes versiones de Queen ("We Will Rock You" en su versión acelerada) y Motörhead ("The Hammer"). Por cierto, la sombra de AC/DC cada vez es más difusa. Lo suyo es rock duro setentero de muchos kilates que suena a Slade, Thin Lizzy y Status Quo -sí, también a AC/DC-, mientras que LG hace tiempo que recuerda más a John Sykes que a Angus Young.
Por supuesto, Schizophrenic Spacers, clasicazos de la escena local comandados por el inigualable Lon Spitfire, calentaron al respetable a la perfección. Un show tan loco, teatral y brillante como de costumbre, con un "Under My Wheels" de Alicia de órdago como broche final.
"The Most Dangerous Band in the World - The Story of Guns N' Roses", el documental producido y recientemente emitido por la BBC, probablemente no descubrirá nada a los fans más acérrimos de la banda. Sin embargo, siempre es un placer volver a escuchar las misma viejas batallitas de siempre de la boca de personajes clave en la génesis y eclosión de GN'R como fueron Tom Zutaut, Vicky Hamilton o Marc Canter. Por parte de la banda, sólo un resentido Steven Adler yun extremadamente -y sospechosamente- risueño Matt Sorum se prestan a dar su punto de vista.
Mi anécdota favorita sigue siendo la relacionada con los gemidos femeninos que se escuchan en la parte central de "Rocket Queen". Ya sabeis, de cuando Axl decidió follarse a Adriana, la novia de Adler -"¿novia? mi única novia era el rock n' roll", rememora el pobre Steven-, en el estudio, empeñado en meter sexo real en la canción.
Se puede encontrar fácilmente en la red con subtítulos en inglés. Echad un vistazo a los comentarios del post.
Pues parece ser que el show de Blues Pills finalmente no fue para tanto. Es más, no son pocas las voces apuntan a cierta sobrevaloración de ese combo en detrimento de formaciones más rodadas y consolidadas como puedan ser De Wolff y The Vintage Caravan, tíos que se las ven y se las desean para medio llenar los garitos más pequeños para ciudad. Sobre estos últimos, Andreu from Sabadell, que también se quedó sin ticket para Blues Pills -Elin Larsson se quedó sin el mejor groupie masculino de la ciudad-, nos relata lo acontecido en su reciente paso por la Ciudad Condal:
Triple descarga escandinava en la sala Apolo 2 con bandas con estilos propios y muy definidos.
Los
primeros en calentar una sala con muy poca gente fueron los noruegos
Tiebreaker. Con un sonido muy americano, que en algunas canciones era
bastante pantanoso y que en otras se acercaba al southern, dejaron una
muy buena impresión. 30’ intensos y que nos dejaron con ganas de más.
Los
siguientes en aparecer fueron los suecos Dead Lords. Creo recordar que
es la tercera vez que nos visitaban. Su actuación no varió mucho de la
última en la que tocaron junto los noruegos Audrey Horne.Tocaron "clásicos" particulares como “Ontalo”,”Hammer to the heart”. Buen hard rock con twin guitars al más puro estilo Thin Lizzy. Como en sus anteriores visitas, cumplieron.
Y,
finalmente, ya con una Apolo 2 con un mejor aspecto (media
entrada larga), aparecieron los islandeses The Vintage Caravan a
presentar su último trabajo, "Arrival". El trío nórdico tiene un sonido muy retro (Black Sabbath, Led Zeppelin, Iron Butterfly) y sobre todo mucho groove. El
comienzo con ”Babylon” ya es una muestra de las intenciones de cómo se
iba a desarrollar el concierto. La guitarra de Oscar escupiendo solos
arropados con una sección rítmica que no iba a dar tregua. El bajista
Alexander es un culo inquieto- que marcha tiene el tío-. Pudimos
saborear canciones como “Craving”, ”Shaken Beliefs”,una extraordinaria
rompe cuellos como “Crazy Horses”, “Cocaine Sally” y un final de bolo a lo grande con ”Expand your mind” y ”Midnight Meditation”.
Una fantástica velada que
ha significado otro nuevo descubrimiento de la escena escandinava como
son Tiebreaker y la confirmacion de Dead Lord y The Vintage Caravan
como bandas ya asentadas en sus propios estilos.
Y me jode bastante. Y me merezco joderme, pues me he despertado bastante tarde y me he topado con un sold-out en los morros. De acuerdo que Apolo 2 no es precisamente un estadio, pero quien iba a pensar que Blues Pills iban a vender todo el papel en Barcelona no rock city. De hecho, apenas había prestado atención a esta plurinacional banda hasta hace un par de semanas. Algún visionado a un par de clips promocionales, cuya banda sonora no terminó de convecerme, y poco más. Sin embargo, las críticas positivas y, especialmente, las ganas de un buen concierto para eliminar el agridulce sabor de boca que dejaron Dirty Thrills han provocado que le haya estado dando bastante cancha a LP debut, "Blues Pills". Si les perdonamos un par de plagios a "Free Bird" y a "Starway to Heaven", se trata de un disco redondo, cojonudo. Seguro que todos los afortunados con ticket esta noche se enamorarán de Elin Larsson y, en definitiva, gozarán de una buena velada rockera. Otra vez será.
"It's a long way to the top if you want RN'R", "Nobody said it was easy" ... Dirty Thrills deberán tirar del manual rockero de autoayuda para superar el mal trago. Tras telonear a Europe hace un par de meses en la vecina Razzmatazz y cosechar elogios por doquier por parte de público y crítica, Dirty Thrills se dieron anoche un baño de dolorosa realidad en Barcelona.
Los chicos -sorprendentemente jóvenes, por cierto; en los clips aparentan mayores- se lo curran y se trabajan el escenario a fondo. Cierto que todavía no son nadie en el negocio y que su cancionero todavía está en construcción, falto de tonadas memorables, pero el hard classic rock de los británicossuena tremendo en directo y la banda, bien conjuntada y con una hiperactividad comparable a la de unos Crobot, se deja la piel en las tablas.
Lamentablemente, la nula comunión con el público más gélido y tímido que he visto en años lastró el show y provocó un ambiente desangelado que, quieras que no, terminó afectando a la banda hasta el punto de recortar un tema del set-list previsto -se quedó fuera mi favorita, "Letterbomb"!-. Para rematar, pobres, a pesar del chantaje emocional a los que nos acercamos a saludar y tomar unas fotos, y esas sinceras caritas de pena, dudo que lograsen vender algo de su cutre y carísimo merchandising. Dirty Thrills merecen noches mejores.
En muchas ocasiones se utiliza el término "super-banda" de forma gratuita. Con que un par de miembros hayan formado parte, durante 5 minutos, de la reencarnación más lamentable de cualquier formación con un mínimo de relumbrón, la prensa musical -muchas veces influenciada por la hoja promocional de turno- cae en la tentación de echar mano del sobado término. Con Winery Dogs no hay lugar a equívoco. Con tíos del pedigreé y currículum de Sheenan, Kotzen y Portnoy, estamos en una conjunción de primeras espadas en toda regla. Llevan un par de entregas a sus discográficas -que no me he molestado en escuchar- que han gustado bastante a la parroquia amante del onanismo rockero. ¿El invento funciona en directo?
Let's Andreu from Sabadell do the talkin':
Los Winery Dogs del siempre inquieto Mike Portnoy nos volvían a visitar para presentar su segundo trabajo "Hot Streak".
La
velada prometía emociones fuertes, ya que como teloneros se presentaba
una nueva banda- sin todavía disco publicado-: los británicos Inglorious, formación capitaneada por Nathan James, antiguo cantante de la Transiberian
Orchestra. Abrieron con "Until I Die", y con esta canción ya
pudimos comprobar que chorro de voz tiene Nathan, torrente que ya quisiera para
él David Coverdale. Espectacular… En su set dieron cuenta de varias
canciones de su primer trabajo todavía no publicado, acompañando con
tres covers de sus bandas favoritas e influencias musicales
más que evidentes : "I Surrender", "Fool for Your Loving" y "Lay Down Sit
Down". Alucinantes. Una actuación de 45’ con un muy buen sonido
que se nos hizo corta y que confirma a Inglourious como la (nueva) gran promesa
británica del hard rock.
Ese buen sonido de los teloneros, según
una teoría de un colega, siempre suele perjudicar a la banda principal,
al querer aumentar el volumen de los instrumentos para sonar más fuerte y
potente que la banda telonera.Y así sucedió en las primeras
canciones, en la que el sonido era demasiado fuerte y no se podía
apreciar con claridad la voz de Ritchie Kotzen, cosa que se fue
arreglando en a medida que transcurría el concierto.
Atacaron con
"Oblivion" y "Captain Love" de "Hot Streak", a la que seguiría "We Are Love". Un
muy buen comienzo en la que la maquinaria sónica de Winery Dogs nos
dejó sin aliento, porque si Ritchie Kotzen es un mago de las seis
cuerdas – que recital nos dio-, la base rítmica con Billy Sheenan y Mike
Portnoy tira de espaldas. Si bien el prolífico batería estuvo más
contenido en su actuación, el Sr. Sheenan nos ofreció también un recital
de cómo tiene que sonar un bajo.
Acabaron su actuación con un
trio de canciones insuperables de su primer trabajo: "Elevate", "Regret" y
"Desire", con toda la sala Apolo rendida a sus pies.
Un muy buen
bolo en el que saboreamos, por un lado, el hard rock más añejo de
Inglourios y, por otro lado, con un trio de músicos en pleno esplendor como Winery Dogs que nos ofreció un recital de
virtuosismo.