
Ron se ganó a pulso el status de superestrella del cine X. De acuerdo, tuvo la fortuna de caer simpático. Era un tipo regordete, peludo y feo que se las ingeniaba para follar con starlettes de ensueño. Miles de yankees consumidores de porno se sentían identificados con su nuevo héroe. (Incluso Axl Rose confesó haber pasado innumerables veladas frente a la tv al grito de "Go Ronnie go!!!"). Pero Jeremy, a parte de contar, claro está, con la ventaja de un pene imponente, era un trabajador incansable. Rodó centenares de pelis en pocos años. Los directores siempre podían contar con Ronnie. Y además, tenía un as en la manga: era capaz de practicarse autofelaciones! Era un asunto privado, del que sólo eran testigo algunas afortunadas amiguitas, pero un avispado director, al enterarse del rumor, le rogó una pequeña demostración ante las cámaras. Ron accedió a regañadientes. Todo iba más o menos bien, hasta que el director le sugirió la posibilidad de correrse en su propia cara! No way! Obviamente, nuestro protagonista no aceptó la descabellada propuesta y dejó claro que NUNCA JAMÁS se la chuparía de nuevo en un film... bueno, al final fueron 8 películillas más, pero palabra de Ron Jeremy que no volverá a suceder!

Pero no en los 80's no todo fueron alegrías para la industria del cine adulto. Aprovechando una ley antiprostitución promulgada en 1982, la fiscalía de Los Angeles tuvo la absurda idea de equiparar el cine porno a la prostitución, catalogando a los productores de proxenetas. Pronto esta medida se expandió a toda California, lo que llevó a la clandestinidad a toda la industria. Por supuesto, se continuaron rodando películas, pero la discreción era extrema y la localización de los rodajes, un secreto. El cine X norteamericano estuvo en jaque hasta que, en 1988, el tribunal constitucional del estado desestimó cualquier vinculación del cine para adultos con la explotación sexual. Hasta entonces, muchos desgraciados dieron con sus huesos en la carcel. Ron no se libró. Esta es su experiencia en chirona: "Mientras mi abogado negociaba la fianza, me confinaron en la celda de los agresores sexuales. Pasé horas rodeado de violadores y pederastas. Aluciné cuando vi a un tipo masturbándose sentado en el retrete de la celda en la posición del yoga. Por si era poco, uno de los pervertidos me reconoció. "¿Eres Ron Jeremy, verdad?", preguntó el recluso en voz alta. "¿El tío gordo con bigote?" -dije disimulando mi voz real- "No, no. Siempre me confunden con él, que divertido, eh". El tipo no pareció muy convencido, los presos empezaron a inquietarse y el loco del yoga empezó a recitar diálogos de mis pelis mientras se la seguía cascando!!! Al cabo de unas interminables horas, me trasladaron a la celda de los borrachos y los carterístas. Que alivio! Me pasé la noche contándo batallitas de mis rodajes, firmé autógrafos y no les di mi teléfono por que no me lo pidieron."

Próximamente, tercera y última parte del especial Ron Jeremy, donde conoceremos al Ronnie humorista, asiduo a los clubs de intercambios de parejas, consultor experto en Hollywood y compañero de juergas de rockstars y actores.




















