A raíz del post sobre mi desagradable cata de Dr. Pepper, el bueno de Derek Phillips me indicó que el siguiente veneno yankee a probar debía ser Mountain Dew. Para facilitarme las cosas, tuvo la gentileza de traerme una lata de USA. Ni puta idea a que me estaba enfrentando, no conocía la reputación de esa marca, pero no podía rechazar el reto. Here I go.
Antes de empezar la ingestión, me dispongo a leer los ingrendientes de su composición, por aquello de saber que mierda estoy a punto de meterme en el cuerpo. Entre otros: cafeína, sirope de maíz, zumo de naranja, acido cítrico y aceite vegetal. Y la tira de colorantes y convervantes, claro.
Ojo, "Drink by date on bottom of can" ... 8 de septiembre de 2013. Mes y medio caducado! Ahora no voy a rajarme por eso, pero te tenía por amigo, Derek.
Vierto el contenido en un vaso. Es de un llamativo color amarillo fosforito que amenaza con emitir destellos en caso de apagar las luces. El responsable de tal artificio es un colorante denominado tartrazina, muy popular en nuestra cocina, pues es el sustitutivo del azafrán en las paellas low-cost. También embadurna gusanitos, ganchitos y demás porquerías.
Y sabe ... sabe cojonudo! Me siento como si estuviera tomando un buen vaso de Couldina o Frenadol, una medicina dulce de las buenas. Me lo termino en un par de tragos y me relamo el bigote. Una experiencia 100% placentera que tarde o temprano repetiré.
Sí, esa lata de Mountain Dew merece un puesto de honor en mis montañas de mierda. Ahí la teneis, justo entre la cerveza AC/DC y el Alligator Cajun Style en conserva.
Os dejo con el primer spot televisivo de la marca. Ya-hoo!



